miércoles, 25 de enero de 2017

Lalín, un interior único

Texto y fotos: Martina Vicente

Un viaje interior… Conocerse a uno mismo, buscar la esencia, descubrir aspectos de nuestra personalidad que estaban latentes, volver a nuestros orígenes…

Cuando nos proponemos hacer un viaje interior emprendemos una etapa reflexiva, pausada, profunda… y con ese ímpetu participamos en un blogtrip organizado por el Concello de Lalín y que, precisamente, nos invitaba -permítaseme el símil- a mirar hacia el interior, a #Lalinuninteriorunico. Con ese leitmotiv, un grupo de bloggers turísticos descubrimos (creo que nos pasó a todos) un Lalín desconocido, sin descuidar, claro está, aquellos aspectos más identificables de la capital del Deza.
Nos recibieron en el Concello, uno de los Consistorios más singulares de Galicia, que representa un poblado castreño y desde cuya azotea pudimos tomar una panorámica del casco urbano y hacernos una idea de cómo es esta localidad, “el kilómetro cero de Galicia”, presumen orgullosos en Lalín. Diseñado por los arquitectos Mansilla y Tuñón, el edificio carece de esquinas pues todo se ha construido en base al círculo como forma sublime, incluso el salón de plenos, atípico por la disposición de las bancadas para los ediles. La única concesión al ángulo son las escaleras interiores que suben a la azotea. En la Casa Consistorial nos hacemos las primeras fotos con “el cerdo”, el animal al que rinden perpetuo homenaje en Lalín y del que encontramos continuas representaciones.



Un paseo por el casco nos ofrece la segunda perspectiva de la localidad: bulliciosa, amable, acogedora… La Praza da Torre -popularmente conocida como la Praza das Pipas, tal era el “deporte” practicado por los vecinos en este lugar (comer pipas y repasar la actualidad local)-, el Parque de Loriga con el simbólico monumento al aviador local Joaquín Loriga Taboada (firmado por Asorey), o la Praza de Abastos con su colorido despliegue de productos autóctonos son algunas de nuestras paradas.


Monumento a Loriga

Visitamos el Museo Ramón María Aller, donde se emplazó el primer observatorio astronómico de Galicia y que en la actualidad está dedicado a tres de los hijos ilustres de Lalín: el propio astrónomo, Joaquín Loriga y Laxeiro. Precisamente, en este inmueble se puede contemplar parte de la obra del pintor, en colección permanente, y apreciar su evolución como artista. También podemos observar las estrellas desde su rudimentario observatorio, que está en perfecto estado de funcionamiento y que es visitado cada año por decenas de escolares de toda Galicia.

Capilla San Martin
El Camino de Santiago también deja su huella en la localidad. Dos son las rutas que tocan el municipio. Por un lado, la Vía de la Plata, que tangencialmente discurre por las inmediaciones, y el Camino de Invierno, que atraviesa la ciudad y que cada año es elegido por más peregrinos. De hecho, el Gobierno local está decidido a impulsar esta segunda ruta y mejorar la atención a los caminantes. En sus proximidades visitamos lo que queda del Monasterio de San Martín, una pequeña capilla con elementos singulares en sus muros.

De ahí al Pazo de Liñares, vinculado históricamente a la familia Taboada y que fue calificado en su día como “El Palacio del Recuerdo” por Emilia Pardo Bazán. Hoy, tras haber sido objeto de una ingente obra de rehabilitación (el edificio llegó a estar en estado ruinoso), el Pazo de Liñares es de titularidad municipal -desde 2002- y Bien de Interés Cultural desde 2009. Dedicado a usos culturales y museísticos, el palacio es “una ventana abierta a la historia y la arqueología” y en él se encuentra la pila en la que fue bautizado el aviador Loriga (era ahijado de un miembro de la familia Taboada).
El Pazo de Liñares, recientemente rehabilitado

Museo do Títere
Una parte del edificio alberga el Museo Galego do Títere, gracias a la colaboración entre el Concello y la compañía local Viravolta, responsable del festival ‘Titirideza’. Con piezas de diferentes épocas y procedentes de diversos países, y una de las más completas bibliotecas de España sobre la materia, este centro es un auténtico templo de las marionetas que desde su llegada al Pazo de Liñares (antes se ubicaba en un local privado en el centro de Lalín) ha recibido la visita de unas 18.000 personas.
Otro centro divulgativo que tuvimos la oportunidad de visitar es la Casa do Patrón, un museo etnográfico impulsado por Manolo Blanco y su familia (literalmente, pues entre los familiares llevan el museo y el restaurante del que dispone el complejo) y que está compuesto por 3 edificios, con 13 salas, en los que se exponen más de 4.500 piezas recogidas por toda la geografía gallega y que se muestran agrupadas por temáticas, en algunos casos, sin orden aparente. “Empezamos colgando unos yugos en una pared y los vecinos nos fueron dando piezas y piezas hasta llegar a esto”, confiesa Manolo. La visita cuesta 1 euro para los grupos y 2 euros si se hace de forma individual y dura en torno a una hora. Una de las salas del museo acoge un restaurante, donde probamos un pan y unas empanadas caseras excelentes.
Recreación de una antigua taberna en la Casa do Patrón
En las proximidades se encuentra el Castro de Doade, que no pudimos visitar en esta ocasión, y el Área Recreativa de Mouriscade, donde el río Asneiro ofrece un marco incomparable para merendar, caminar o descansar.

Riqueza natural.- Precisamente, la riqueza natural de Lalín fue uno de los grandes descubrimientos del blogtrip pues el municipio posee numerosos parques, carballeiras, paseos y rutas de senderismo que merecen una visita pausada. Tuvimos la suerte de ir acompañados de Martiño Nercellas, un auténtico apasionado de la naturaleza y la etnografía y un libro abierto al que acudir ante cualquier consulta (y preguntando, no nos quedamos cortos!). Con él descubrimos la Fraga de Catasós o Fraga de Quiroga, con majestuosos ejemplares de castaños -algunos de ellos superan los 30 metros de altura- y robles (carballos) y en cuyas inmediaciones se encuentra el Pazo del mismo nombre en el que se casó Emilia Pardo Bazán y en el que escribió parte de su obra cumbre, ‘Los Pazos de Ulloa’. Esta Fraga es Monumento Natural desde el año 2000.
Martiño Nercellas nos guió por la Fraga de Catasós


Más cerca del centro también visitamos el Souto de García Sánchez, un área de esparcimiento salpicada de esculturas del pontevedrés Sergio Portela.Pero el mayor impacto del viaje fue -al menos, en mi caso- el Casal de Chedas y, en general, la parroquia de Zobra, que reúne la quintaesencia de las aldeas del interior de Galicia, rodeada por la Serra do Candán, “O Courel pontevedrés, ¿o es al revés?”, nos preguntábamos mientras la recorríamos.
Casal de Chedas

Antonio Dobarro
El Casal de Chedas está habitado en la actualidad por un solo vecino, Antonio Dobarro, quien no sin ciertas reticencias (comprensibles, al ver llegar a sus dominios a un grupo numeroso con teléfonos móviles, cámaras de fotos y muchas ganas de preguntar) accedió a contarnos algunas anécdotas de su vida pasada y presente. La zona dependía del Mosteiro de Aciveiro y, de hecho, en las inmediaciones existía un lugar a donde confinaban a los monjes “díscolos” o que “se desviaban un poco”, apunta Martiño Nercellas. Es fácil imaginar el castigo que podía suponer permanecer aislado en este lugar… aunque seguro que Antonio Dobarro no piensa lo mismo!
Abadonamos Chedas y seguimos en dirección a Zobra, una pequeña aldea en la que tomamos un reconfortante café caliente, filloas y queso con miel en A Taberna de Rosa, que reabren gentilmente para nosotros. Allí también asistimos a una demostración de una tejedora de lino, Hortensia, que recuerda divertida que una de las últimas piezas que tejió (una colcha) fue un encargo de la televisiva María Teresa Campos.
A Taberna de Rosa
En esta parroquia, con apenas cien vecinos, se encuentran hasta tres envasadores de miel, uno de los cuales (O Testeiro) elabora las mejores mieles de Galicia según la última edición de los premios que convoca anualmente la Xunta.
Colmenas en el interior de una alvariza en Zobra

Manuel González, su orgulloso gerente, nos comenta que la calidad de la miel que se elabora en la zona tiene que ver con la privilegiada situación de las colmenas y con un saber heredado de generación en generación pues hay documentación de la existencia de colmenas y alvarizas en esta zona desde el Catastro del Marqués de Ensenada (1752). Los otros dos envasadores de miel de Zobra son Mel O Cortizo y Mel O Carrasco, cuyos responsables nos acompañan, precisamente, a visitar una de las alvarizas que mejor se conservan en la zona (llegó a haber un centenar).
La alvariza es una construcción circular que resguardaba las colmenas de los ataques de los osos y su presencia masiva en esta zona (O Candán acoge una de las mayores concentraciones de alvarizas del noroeste ibérico) tiene mucho que ver con la presencia de los monjes de la orden del Císter en el Deza. Para conocer toda esta zona, nada mejor que realizar la ruta circular denominada ‘Sendeiro de Zobra’, de 29 kilómetros de longitud y dificultad media-alta, apta pues para iniciados en la materia. Y para descansar, una propuesta más que interesante es hacerlo en unas antiguas viviendas mineras transformadas hoy en establecimiento hostelero. Las Casas das Minas, gestionadas por la Comunidad de Montes, cuentan con cinco apartamentos (uno de ellos apto para personas con discapacidad), cocina y comedor, y ponen de relieve el pasado minero de Zobra, vinculado al wolframio y al oro.
Casas das Minas, gestionadas por la Comunidad de Montes, en Zobra
Cocido en Bodegón Currás

¿Y cuándo comemos?.- La gastronomía no era el motivo principal de la visita a Lalín pero estando en estas tierras, no podemos obviar lo bien que se come por aquí. El omnipresente cocido puso aroma y sabor en Bodegón Currás a la jornada dominical, que rematamos -tenga o no que ver con el festín gastronómico que nos pegamos- con un recorrido por el tramo más urbano del Paseo Fluvial del río Pontiñas. Pero durante el fin de semana en Lalín pudimos comprobar que hay vida más allá del cocido.
Por ejemplo, en la empresa Embutidos Lalinense nos mostraron varios productos de quinta gama que comercializan por todo el mundo, como el lacón con grelos en conserva, el pastel de lacón con grelos o la panceta rellena asada.
En Pazo de Anzuxao degustamos sus diferentes quesos
Pulpo en A Cunca
Por su parte, en Pazo de Anzuxao nos presentaron los diferentes tipos de queso que elaboran (DOP Queixo Tetilla, DOP Arzúa-Ulloa, Señorío de Anzuxao, requeixo…) y pudimos degustarlos en una visita casi relámpago. Además, comimos pulpo ‘á feira’ y ‘richada’ en Pulpería Alto da Pena y en la Gastrotapería A Cunca flirteamos con una cocina más contemporánea sin olvidar uno de los platos por los que este establecimiento es más conocido, la tortilla (la de queso nos dejó huella).
Gentileza del Concello y de las casas comerciales colaboradoras, nos llevamos para casa un pack de productos locales que prolongaron aún más la experiencia vivida, una experiencia que no habría sido lo mismo sin las continuas atenciones que todo el grupo recibimos por parte de Paco Vilariño, edil de Turismo, y los técnicos José Antonio G. Sixto y Lola García.

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