domingo, 21 de mayo de 2017

Champagne, el glamour de un vino único

Texto: Alberto Traversa
Fotos: Martina Vicente / Alberto Traversa

Si saborear un champagne es como un premio para nuestros sentidos, qué no será catar y degustar cuatro propuestas diferentes acompañadas de una explicación animada y didáctica de la historia de estos vinos, de sus lugares y formas de elaboración y, sobre todo, de la singularísima diversidad de esta bebida que mantiene vivo en el tiempo un halo de tanta calidad como glamour.

Esto fue lo que intentamos asimilar y disfrutar recientemente en el Centro Superior de Hostelería de Galicia (CSHG), en cuya aula de catas dos de las mujeres que más saben en España del universo de esta burbujeante bebida se dieron cita para compartir conocimientos y algún que otro secreto ante una treintena de sumilleres, hosteleros, aficionados y unos pocos elegidos de algún medio de comunicación especializado. Nuria Gené, directora en España del Comité Interprofesional del Champagne, y la inefable Mercedes González, Embajadora del Champagne en nuestro país, fueron las anfitrionas de esta introducción al mundo del champagne y al aprendizaje de la cata de estos vinos, absolutamente irrepetibles.
Es este universo del champagne tan exquisito como complejo, donde todo se debe ver bajo el concepto de la diversidad. Pero para empezar correctamente habría que resaltar que ya estos vinos eran elaborados por los romanos y a partir de ahí el mágico encantamiento del champagne hipnotizó a emperadores, reyes y nobleza hasta llegar a la Iglesia, pues los abades y obispos fueron grandes elaboradores y promotores de estos vinos. 


Aquella tradición aristocrática del champagne es símbolo y seña de identidad del glamour en la actualidad, donde claramente se identifica la calidad de un producto con la mismísima denominación champagne.

Por cierto, el único y auténtico champagne es francés, no valen aquí copias u otras denominaciones que han surgido en algunos países que reniegan de la exclusividad del origen del champagne (como es el caso de los EE.UU.); y de preservar y consolidar el buen nombre de este vino se encarga, entre otras funciones, el Comité Interprofesional del Champagne, un organismo que está perfectamente integrado tanto por las denominadas Grandes Marcas del champagne como por los “vignerons”, los viticultores más pequeños, los cuales aportan sus cientos de parcelas para los vinos que producirán las Grandes Marcas y demás productores de la zona.
Hablando en cifras, España es el noveno importador de champagne francés, con cerca de 4 millones de botellas al año, de las cuales un 83% son de brut, en tanto que el resto se segmenta entre el champagne rosado y el cuvee prestige. De esos 4 millones de botellas, un 55% lo consumen los particulares (canal Alimentación) mientras que el 45% restante va directamente al canal Horeca. Y aunque su consumo continúa siendo fuertemente estacional (casi un 80% en épocas navideñas), cada vez encuentra una mejor salida a través de su venta por copa o bien como aperitivo.

Si tuviéramos que exponer las diferentes cualificaciones del champagne seguramente nos perderíamos en un maremágnum de términos que aun siendo simples podrían hacerse laberínticos; por ello, preferimos esclarecer apenas algunos apuntes que consideramos interesantes, como por ejemplo que básicamente en la elaboración de un champagne se utilizan tres variedades principales: las tintas Pinot Noir y Meunier y la blanca Chardonnay. El champagne es básicamente un ensamblaje permanente y en su elaboración entran otros vinos llamados “de reserva”, que tienen su origen en vendimias anteriores (se trata de vinos que a veces se conservan en botella durante decenas de años). Para tener una idea de la cantidad de ensamblajes que puede tener un champagne, hay algunas marcas que hacen constar más de sesenta en la elaboración final del vino. Y es esta elaboración final la que está en manos de un “guardián de las esencias de los vinos de cada casa”, según definen (cual relato más propio de ‘El Señor de los Anillos’) las bodegas francesas al maestro cavista, encargado y responsable único y absoluto de los ensamblajes del champagne de cada marca.
Si la finalidad del ensamblaje es producir un vino especial a partir de uva blanca, se le denomina “blanc de blancs” y si el ensamblaje está formado por uvas negras se llama “blanc de noirs”.
La simpática Mercedes González también nos aclaró el término “millesime” que figura en algunas etiquetas de champagne. “Se refiere a vinos elaborados a partir de una vendimia extraordinaria, con los cuales el maestro cavista decide elaborar una cuvée solo con vinos de ese año”, explica; en tanto que una cuvée de prestige es la joya de la corona, en este caso del elaborador, pues es el ensamblaje de los vinos más excepcionales, la perfección de lo perfecto que la naturaleza y el arte del elaborador pueden ofrecer.
También es de resaltar que toda la vendimia (de las 32/34 millones de hectáreas con en torno a 280.000 parcelas) se hace a mano. En el “terroir” no entra máquina ninguna. Y como dato más que interesante y para tener en cuenta es el hecho de que cada bodega junto al propio Comité Interprofesional siempre “hacen” una reserva importante de cada añada de champagne que sale al mercado; una iniciativa que nos convendría aprender en España a tenor de los últimos ejemplos de la destrucción de importantes cantidades de viñedos por cuestiones climatológicas -como las heladas o el granizo- o alguna plaga. Una magnífica solución para no quedarse sin vino (ante cosechas muy escasas) y por lógica no perder mercados a los que no se pueden proveer.
Luego se habló de los diferentes champagnes (brut nature, brut, demi-sec, rosados, etc.), de la identificación de cada vino según la información que registra la etiqueta, del degüelle, del término Cru (que no es otra cosa que la parcela de donde proceden las vides) y de las conveniencias de su temperatura de servicio en mesa. Pero lo mejor de todo fue catar y saborear cuatro champagnes diferentes, cuatro soberbios vinos donde, a gusto de este cronista, el monovarietal de Meunier fue casi una experiencia religiosa.

miércoles, 25 de enero de 2017

Lalín, un interior único

Texto y fotos: Martina Vicente

Un viaje interior… Conocerse a uno mismo, buscar la esencia, descubrir aspectos de nuestra personalidad que estaban latentes, volver a nuestros orígenes…

Cuando nos proponemos hacer un viaje interior emprendemos una etapa reflexiva, pausada, profunda… y con ese ímpetu participamos en un blogtrip organizado por el Concello de Lalín y que, precisamente, nos invitaba -permítaseme el símil- a mirar hacia el interior, a #Lalinuninteriorunico. Con ese leitmotiv, un grupo de bloggers turísticos descubrimos (creo que nos pasó a todos) un Lalín desconocido, sin descuidar, claro está, aquellos aspectos más identificables de la capital del Deza.
Nos recibieron en el Concello, uno de los Consistorios más singulares de Galicia, que representa un poblado castreño y desde cuya azotea pudimos tomar una panorámica del casco urbano y hacernos una idea de cómo es esta localidad, “el kilómetro cero de Galicia”, presumen orgullosos en Lalín. Diseñado por los arquitectos Mansilla y Tuñón, el edificio carece de esquinas pues todo se ha construido en base al círculo como forma sublime, incluso el salón de plenos, atípico por la disposición de las bancadas para los ediles. La única concesión al ángulo son las escaleras interiores que suben a la azotea. En la Casa Consistorial nos hacemos las primeras fotos con “el cerdo”, el animal al que rinden perpetuo homenaje en Lalín y del que encontramos continuas representaciones.



Un paseo por el casco nos ofrece la segunda perspectiva de la localidad: bulliciosa, amable, acogedora… La Praza da Torre -popularmente conocida como la Praza das Pipas, tal era el “deporte” practicado por los vecinos en este lugar (comer pipas y repasar la actualidad local)-, el Parque de Loriga con el simbólico monumento al aviador local Joaquín Loriga Taboada (firmado por Asorey), o la Praza de Abastos con su colorido despliegue de productos autóctonos son algunas de nuestras paradas.


Monumento a Loriga

Visitamos el Museo Ramón María Aller, donde se emplazó el primer observatorio astronómico de Galicia y que en la actualidad está dedicado a tres de los hijos ilustres de Lalín: el propio astrónomo, Joaquín Loriga y Laxeiro. Precisamente, en este inmueble se puede contemplar parte de la obra del pintor, en colección permanente, y apreciar su evolución como artista. También podemos observar las estrellas desde su rudimentario observatorio, que está en perfecto estado de funcionamiento y que es visitado cada año por decenas de escolares de toda Galicia.

Capilla San Martin
El Camino de Santiago también deja su huella en la localidad. Dos son las rutas que tocan el municipio. Por un lado, la Vía de la Plata, que tangencialmente discurre por las inmediaciones, y el Camino de Invierno, que atraviesa la ciudad y que cada año es elegido por más peregrinos. De hecho, el Gobierno local está decidido a impulsar esta segunda ruta y mejorar la atención a los caminantes. En sus proximidades visitamos lo que queda del Monasterio de San Martín, una pequeña capilla con elementos singulares en sus muros.

De ahí al Pazo de Liñares, vinculado históricamente a la familia Taboada y que fue calificado en su día como “El Palacio del Recuerdo” por Emilia Pardo Bazán. Hoy, tras haber sido objeto de una ingente obra de rehabilitación (el edificio llegó a estar en estado ruinoso), el Pazo de Liñares es de titularidad municipal -desde 2002- y Bien de Interés Cultural desde 2009. Dedicado a usos culturales y museísticos, el palacio es “una ventana abierta a la historia y la arqueología” y en él se encuentra la pila en la que fue bautizado el aviador Loriga (era ahijado de un miembro de la familia Taboada).
El Pazo de Liñares, recientemente rehabilitado

Museo do Títere
Una parte del edificio alberga el Museo Galego do Títere, gracias a la colaboración entre el Concello y la compañía local Viravolta, responsable del festival ‘Titirideza’. Con piezas de diferentes épocas y procedentes de diversos países, y una de las más completas bibliotecas de España sobre la materia, este centro es un auténtico templo de las marionetas que desde su llegada al Pazo de Liñares (antes se ubicaba en un local privado en el centro de Lalín) ha recibido la visita de unas 18.000 personas.
Otro centro divulgativo que tuvimos la oportunidad de visitar es la Casa do Patrón, un museo etnográfico impulsado por Manolo Blanco y su familia (literalmente, pues entre los familiares llevan el museo y el restaurante del que dispone el complejo) y que está compuesto por 3 edificios, con 13 salas, en los que se exponen más de 4.500 piezas recogidas por toda la geografía gallega y que se muestran agrupadas por temáticas, en algunos casos, sin orden aparente. “Empezamos colgando unos yugos en una pared y los vecinos nos fueron dando piezas y piezas hasta llegar a esto”, confiesa Manolo. La visita cuesta 1 euro para los grupos y 2 euros si se hace de forma individual y dura en torno a una hora. Una de las salas del museo acoge un restaurante, donde probamos un pan y unas empanadas caseras excelentes.
Recreación de una antigua taberna en la Casa do Patrón
En las proximidades se encuentra el Castro de Doade, que no pudimos visitar en esta ocasión, y el Área Recreativa de Mouriscade, donde el río Asneiro ofrece un marco incomparable para merendar, caminar o descansar.

Riqueza natural.- Precisamente, la riqueza natural de Lalín fue uno de los grandes descubrimientos del blogtrip pues el municipio posee numerosos parques, carballeiras, paseos y rutas de senderismo que merecen una visita pausada. Tuvimos la suerte de ir acompañados de Martiño Nercellas, un auténtico apasionado de la naturaleza y la etnografía y un libro abierto al que acudir ante cualquier consulta (y preguntando, no nos quedamos cortos!). Con él descubrimos la Fraga de Catasós o Fraga de Quiroga, con majestuosos ejemplares de castaños -algunos de ellos superan los 30 metros de altura- y robles (carballos) y en cuyas inmediaciones se encuentra el Pazo del mismo nombre en el que se casó Emilia Pardo Bazán y en el que escribió parte de su obra cumbre, ‘Los Pazos de Ulloa’. Esta Fraga es Monumento Natural desde el año 2000.
Martiño Nercellas nos guió por la Fraga de Catasós


Más cerca del centro también visitamos el Souto de García Sánchez, un área de esparcimiento salpicada de esculturas del pontevedrés Sergio Portela.Pero el mayor impacto del viaje fue -al menos, en mi caso- el Casal de Chedas y, en general, la parroquia de Zobra, que reúne la quintaesencia de las aldeas del interior de Galicia, rodeada por la Serra do Candán, “O Courel pontevedrés, ¿o es al revés?”, nos preguntábamos mientras la recorríamos.
Casal de Chedas

Antonio Dobarro
El Casal de Chedas está habitado en la actualidad por un solo vecino, Antonio Dobarro, quien no sin ciertas reticencias (comprensibles, al ver llegar a sus dominios a un grupo numeroso con teléfonos móviles, cámaras de fotos y muchas ganas de preguntar) accedió a contarnos algunas anécdotas de su vida pasada y presente. La zona dependía del Mosteiro de Aciveiro y, de hecho, en las inmediaciones existía un lugar a donde confinaban a los monjes “díscolos” o que “se desviaban un poco”, apunta Martiño Nercellas. Es fácil imaginar el castigo que podía suponer permanecer aislado en este lugar… aunque seguro que Antonio Dobarro no piensa lo mismo!
Abadonamos Chedas y seguimos en dirección a Zobra, una pequeña aldea en la que tomamos un reconfortante café caliente, filloas y queso con miel en A Taberna de Rosa, que reabren gentilmente para nosotros. Allí también asistimos a una demostración de una tejedora de lino, Hortensia, que recuerda divertida que una de las últimas piezas que tejió (una colcha) fue un encargo de la televisiva María Teresa Campos.
A Taberna de Rosa
En esta parroquia, con apenas cien vecinos, se encuentran hasta tres envasadores de miel, uno de los cuales (O Testeiro) elabora las mejores mieles de Galicia según la última edición de los premios que convoca anualmente la Xunta.
Colmenas en el interior de una alvariza en Zobra

Manuel González, su orgulloso gerente, nos comenta que la calidad de la miel que se elabora en la zona tiene que ver con la privilegiada situación de las colmenas y con un saber heredado de generación en generación pues hay documentación de la existencia de colmenas y alvarizas en esta zona desde el Catastro del Marqués de Ensenada (1752). Los otros dos envasadores de miel de Zobra son Mel O Cortizo y Mel O Carrasco, cuyos responsables nos acompañan, precisamente, a visitar una de las alvarizas que mejor se conservan en la zona (llegó a haber un centenar).
La alvariza es una construcción circular que resguardaba las colmenas de los ataques de los osos y su presencia masiva en esta zona (O Candán acoge una de las mayores concentraciones de alvarizas del noroeste ibérico) tiene mucho que ver con la presencia de los monjes de la orden del Císter en el Deza. Para conocer toda esta zona, nada mejor que realizar la ruta circular denominada ‘Sendeiro de Zobra’, de 29 kilómetros de longitud y dificultad media-alta, apta pues para iniciados en la materia. Y para descansar, una propuesta más que interesante es hacerlo en unas antiguas viviendas mineras transformadas hoy en establecimiento hostelero. Las Casas das Minas, gestionadas por la Comunidad de Montes, cuentan con cinco apartamentos (uno de ellos apto para personas con discapacidad), cocina y comedor, y ponen de relieve el pasado minero de Zobra, vinculado al wolframio y al oro.
Casas das Minas, gestionadas por la Comunidad de Montes, en Zobra
Cocido en Bodegón Currás

¿Y cuándo comemos?.- La gastronomía no era el motivo principal de la visita a Lalín pero estando en estas tierras, no podemos obviar lo bien que se come por aquí. El omnipresente cocido puso aroma y sabor en Bodegón Currás a la jornada dominical, que rematamos -tenga o no que ver con el festín gastronómico que nos pegamos- con un recorrido por el tramo más urbano del Paseo Fluvial del río Pontiñas. Pero durante el fin de semana en Lalín pudimos comprobar que hay vida más allá del cocido.
Por ejemplo, en la empresa Embutidos Lalinense nos mostraron varios productos de quinta gama que comercializan por todo el mundo, como el lacón con grelos en conserva, el pastel de lacón con grelos o la panceta rellena asada.
En Pazo de Anzuxao degustamos sus diferentes quesos
Pulpo en A Cunca
Por su parte, en Pazo de Anzuxao nos presentaron los diferentes tipos de queso que elaboran (DOP Queixo Tetilla, DOP Arzúa-Ulloa, Señorío de Anzuxao, requeixo…) y pudimos degustarlos en una visita casi relámpago. Además, comimos pulpo ‘á feira’ y ‘richada’ en Pulpería Alto da Pena y en la Gastrotapería A Cunca flirteamos con una cocina más contemporánea sin olvidar uno de los platos por los que este establecimiento es más conocido, la tortilla (la de queso nos dejó huella).
Gentileza del Concello y de las casas comerciales colaboradoras, nos llevamos para casa un pack de productos locales que prolongaron aún más la experiencia vivida, una experiencia que no habría sido lo mismo sin las continuas atenciones que todo el grupo recibimos por parte de Paco Vilariño, edil de Turismo, y los técnicos José Antonio G. Sixto y Lola García.

lunes, 17 de octubre de 2016

Porto e Norte vol. I: Esposende y Gaia

Texto: Martina Vicente / Fotos: Martina Vicente, Porto e Norte y Quinta da Boeira

Dentro de la colaboración que mantienen, a nivel turístico, Galicia y el norte de Portugal, hace unos días se organizó un blogtrip en el que tuve el privilegio de participar como periodista especializada en gastronomía y turismo y que me sirvió (a título personal, si se me permite) para conocer lugares que, aun encontrándose muy cerca de Galicia, no había visitado anteriormente. Todo ello, con la compañía de personal de Turismo do Porto e Norte de Portugal (la entidad que gestiona el turismo en las 86 cámaras municipales de la zona norte del país) y de los diferentes municipios que íbamos visitando, lo que nos ayudó a acercarnos al territorio y conocer sus atractivos de una forma mucho más rica y directa.


No es fácil concentrar en un post toda la información que recibimos en dos jornadas y media de blogtrip con un intenso programa de visitas que difícilmente pudimos completar por lo apretado del horario, así que lo dividiré en dos entregas, en las que dejaré pinceladas de los lugares que fuimos conociendo y de las posibilidades turísticas que esta región tiene. Antes de nada, explicar que Porto e Norte es la región que más ha crecido turísticamente en los últimos años, por encima de la media nacional. Y eso no solo tiene que ver con la variedad de recursos que posee sino también con la política de promoción y coordinación que se está desarrollando, apoyada en las impresionantes cifras que cada temporada acumula el aeropuerto Sá Carneiro, una de las principales vías de entrada de visitantes para esta zona (e incluso para Galicia!).


Esposende mira al Atlántico y mantiene una gran vinculación con él
Para los gallegos, Portugal es un destino preferente pero quizá abusamos de los dos o tres lugares “más comunes” y no damos oportunidad a otras localidades menos mediáticas pero que, igualmente, tienen mucho que ofrecer. Una de ellas es Esposende, nuestra primera parada, donde fuimos recibidos por Rui Pereira, concejal (o ‘vereador’ en portugués) de Turismo que, curiosamente (o no), acudió a nuestro encuentro en bicicleta. Nos recibió en la Loja Interactiva de Turismo, que forma parte de la extensa red de oficinas de información turística que Porto e Norte ha situado en sus municipios pero también en Santiago de Compostela y en el aeropuerto portuense. Además, recientemente Porto e Norte ha inaugurado el Porto Wellcome Center que pasa por ser “a maior loja de turismo do mundo”, como ellos mismos señalan. En estas ‘lojas’, el visitante puede encontrar información no solo del ayuntamiento en el que se encuentre sino de todos y cada uno de los que componen Porto e Norte, con la posibilidad de hacerse sus propios “paquetes turísticos”.

Obligado el paseo en barco por el río Cávado
En Esposende (‘Un privilegio de la naturaleza’, reza su eslogan) nos sorprendió el Parque Natural do Litoral Norte, una zona protegida que pertenece en su totalidad a este municipio costero -situado entre Viana do Castelo y Póvoa de Varzim- que en época estival triplica sus 35.000 habitantes habituales. El Parque, que ocupa 18 kilómetros de costa, puede recorrerse a pie o en barco, con una zona más abrigada y otra más expuesta al viento del norte. Existen empresas que realizan rutas por la zona como Proriver -la que nos llevó a nosotros-. El viaje, que cuesta 10 euros y tiene dos horas de duración, permite descubrir de cerca la flora y fauna de este Parque Natural, afeado en cierto modo por la presencia de dos inmensas torres de apartamentos de los años 70 (a todos nos recordaron a Toralla, en Vigo) que no solo rompen la idílica estampa del enclave sino, en general, de todo el ‘skyline’ de Esposende, con edificios de apenas tres alturas.
Vemos la magnitud del Parque desde el Mirador
Birdwatching -o avistamiento de pájaros- y kitesurf son dos de las actividades para las que Esposende tiene unas cualidades únicas. Y es que el turismo de naturaleza y los deportes náuticos son dos de sus grandes atractivos, que hacen que sea visitado por numerosos grupos de turistas nórdicos. 

El avistamiento de aves, uno de los atractivos del Parque
También es frecuente oír hablar francés por las calles de la localidad porque cada vez son más los ciudadanos galos que se compran aquí una segunda residencia “y que pasan a ser vecinos, más que turistas”, apunta Rui Pereira. Tampoco debemos olvidarnos de la gastronomía y un buen ejemplo fue el Arroz de corvina que degustamos en el Restaurante TíoPepe, fundado por españoles y habitual del podio de concursos gastronómicos como ‘Sabores do Mar’. Sin duda, un gran colofón para la primera jornada del blogtrip que rematamos en el Hotel Suave Mar, uno de los mejores establecimientos hoteleros de Esposende.

El barrio marinero de Afurada, en actividad desde bien temprano
Con energías renovadas, al día siguiente nos dirigimos a la desembocadura del Duero (Douro para nuestros vecinos) pero no hacia Porto sino hacia la otra orilla: Vila Nova de Gaia. Concretamente, nuestra primera parada fue el barrio marinero (pescatório) de Afurada, un descubrimiento para todos nosotros. Fuimos temprano pero la comunidad era ya un hervidero de marineros reparando redes, otros saliendo al mar y vecinas haciendo uso de un lavadero público que, como nos explicaron nuestros guías, también es escenario de “performances” culturales.
Rudimentario pero efectivo tendedero público en Afurada
Muestra de que tradición y modernidad pueden convivir (y en Portugal lo hacen como en pocos lugares). En las proximidades del lavadero visitamos el Centro Interpretativo do Património da Afurada, donde se puede conocer el pasado y presente del barrio a través de una coqueta colección, dividida en tres zonas expositivas, y confeccionada a partir de fondos públicos y privados.

Los fondos del Centro Interpretativo se nutren de donaciones vecinales


Este centro divulgativo hace un repaso de la historia más reciente del barrio, la importancia de la pesca del bacalao en aguas de Terra Nova (que fue obligatoria, cual Servicio Militar, hasta la Revolución del 25 de abril), el papel de la mujer que se quedaba en tierra, los destrozos que causaron las peores ‘cheias’ o inundaciones en la zona o la devoción que siente el barrio por San Pedro, al que homenajean cada verano en una celebración muy parecida a nuestra Festividad del Carmen.

Y de uno de los barrios más singulares de la ciudad nos desplazamos a la Cais de Gaia para participar en una visita guiada a las instalaciones de Ferreira, una de las bodegas de ‘vinhos do Porto’ más conocidas mundialmente. Actualmente, Ferreira pertenece al grupo Sogrape Vinhos, del que también forman parte otras dos bodegas emplazadas en Gaia: Sandeman y Offley. Entrar en las ‘caves’ de Ferreira es sumergirse de lleno en una tradición centenaria pues las primeras referencias a esta bodega se remontan a 1751. Sin embargo, la figura clave en el desarrollo y proyección de la casa hay que situarla en la década de los años 40 del siglo XIX. Se trata de una mujer, Dona Antónia Adelaide Ferreira, quien asumió el negocio familiar y lo amplió gracias a un espíritu emprendedor nada común para la época. Un enorme cuadro de Dona Antónia preside las instalaciones. Pero, además, varios de los vinos que elabora la bodega están dedicados a ‘Ferreirinha’ -ése era su sobrenombre-, tal es la importancia de su figura.
Foto izq: Las instalaciones de Ferreira son, además de bodega, un homenaje a la tradición de los Vinhos do Porto. Foto dcha: Rematamos la visita con una cata de dos Dona Antónia
Avanzamos en nuestra visita, en un ambiente húmedo y oscuro (esto nos recuerda que las instalaciones de Ferreira en Gaia no son un museo sino una auténtica bodega), y vamos descubriendo las diferentes estancias, atravesadas por lo que otrora fue una callejuela pública pero que acabó por ser absorbida por Ferreira a medida que ésta iba creciendo. Así hasta llegar a la sala de catas, donde probamos dos Dona Antónia Reserva -un blanco y un Tawny-, el colofón ideal para esta interesante visita. Las instalaciones de Ferreira son una auténtica atracción en Gaia, no en vano en temporada alta reciben hasta 800 visitantes diarios. Existen 3 tipos de visitas: la visita básica que incluye la cata de 2 vinos (6€), la visita Premium que incluye 3 vinos de categoría superior (9€) y la visita Dona Antónia que incluye la degustación de 5 vinos de mayor calidad (16€).

Con el regusto del vino aún en nuestros paladares, embarcamos para hacer el tradicional recorrido por la desembocadura del Duero. Hacemos el Cruzeiro das Pontes do Douro, de unos 50 minutos de duración que, en este caso, compartimos con un nutrido grupo de vivarachos excursionistas procedentes de varios países latinoamericanos. El sol -y Dulce Pontes, vía hilo musical- nos acompaña en nuestro recorrido y nos ofrece bellas estampas de los puentes Luis I, Maria Pia, São João, Arrábida, O Freixo y O Infante.
No faltó el tradicional crucero por el Duero (Douro)
Y casi sin descanso nos dirigimos a otro de los descubrimientos de Vila Nova de Gaia, el Parque Biológico, primer centro permanente de Educación Ambiental del país, fundado en 1982 e imitado en todo el continente. Son, en total, 35 hectáreas de terreno visitables, con 3 kilómetros de senderos entre frondosas áreas boscosas y zonas acotadas donde viven en semi-libertad todo tipo de especies como garzas, tortugas, nutrias, gamos o incluso una pequeña familia de bisontes europeos, especie de la que solo quedan en torno a 60 ejemplares en todo el mundo, y ninguno en libertad. Además, el Parque Biológico de Gaia es un centro receptor de animales salvajes, dispone de auditorio, área de estacionamiento de caravanas, una zona de molinos restaurados donde se sigue haciendo pan y un observatorio astronómico. Pero por encima de todo ello sobresale su importante labor didáctica. De hecho, es una de las visitas obligadas de los centros educativos de todo Portugal. Pero esta reserva natural no solo recibe a escolares pues el centro es uno de los recursos turísticos más importantes de Gaia. Y baste un dato: en 2012, recibió su visitante número 2,5 millones.
El Parque Biológico, uno de los descubrimientos de Gaia
Otra instalación de la que en Gaia están especialmente orgullosos es el Centro de Alto Rendimiento, especializado en dos modalidades a priori minoritarias pero en las que Portugal está consiguiendo grandes resultados: taekwondo y tenis de mesa. El centro (que, por cierto, nos conquistó desde el punto de vista arquitectónico), dispone de zona residencial y de las mejores instalaciones para la práctica del deporte y para la recuperación de los deportistas y en él suelen hacer ‘stages’ selecciones de todo el mundo. De él presumió el vereador de Deportes y Turismo, José Guilherme Saraiva de Oliveira, que nos acompañó en un delicioso almuerzo en la Quinta da Boeira, una finca situada en pleno centro de la ciudad y en la que sobresalen el palacete y sus tres hectáreas de jardines.
La Quinta da Boeira, un reducto de paz en pleno centro urbano
Entrar en la Quinta es aislarse del resto de la ciudad y casi transportase a otra época. Allí degustamos un sabroso arroz de pulpo, entre otras viandas, y disfrutamos del café en su preciosa terraza, aprovechando el sol que nos acompañó en todo el viaje. Uno de los espacios más singulares de la Quinta, en la que también se elaboran vinos, es la ‘garrafa’ (botella, en castellano), un proyecto del reconocido gabinete de arquitectos Arq2525 que rinde homenaje a la excelencia de los vinos portugueses. La ‘garrafa’ acoge en su interior una sala de catas y de proyecciones en 3D.
La ‘garrafa’ alberga en su interior una sala de catas

miércoles, 20 de julio de 2016

A Veiga, más cerca del cielo

Texto y fotos Alberto Traversa

Debía haber escrito este post hace ya días pero cuando uno tiene la oportunidad (gracias a la invitación de Xosé Merelles) de compartir unas vivencias únicas, con una “troupe” de viajeros empedernidos (que eso son los bloggers de viajes), descubriendo a unas personas que viven por lo que creen y en un rincón del mundo donde el cielo está casi al alcance de la mano, se hace difícil transmitir cada pasaje de esta vivencia singular. Y esto es así porque cada uno de los que viven en el municipio de A Veiga (Ourense) se han mimetizado, en cierto modo, con unos paisajes y un entorno natural tan extraordinarios como la misma historia del lugar.
La propuesta era conocer de primera mano lo que ofrece el geodestino Trevinca-A Veiga, una Zona de Especial Conservación donde la tierra y las estrellas integran un escenario tan espectacular que nos hacen sentir la verdadera -y pequeña- dimensión de los seres humanos.
Todo comenzó con una estancia en el establecimiento O Trisquel, más que una casa de turismo rural, un cálido refugio para los amantes de la montaña que encuentran en esta comarca la quintaesencia de su pasión. Allí conocimos al que sería uno de nuestros anfitriones del viaje, Cholo (Antonio Fernández), de profesión montañero y que a sus vitalísimos 72 años representa la historia viva de Pena Trevinca y no sólo por sus inmensos conocimientos de la orografía de la zona, sino por esas huellas que marcan un rostro satisfecho por la recompensa de su amante eterna: la montaña.
Macizo de Peña Trevinca
Trevinca -que significa tres vínculos- es la cima de Galicia y une en las alturas a tres picos que sobrepasan los dos mil metros: Pena Trevinca (2.127 m.), Pena Negra (2.121 m) y Pena Surbia (2.116 m), tres titanes que apuntan al cielo entre otra gran cantidad de picos colindantes que constituyen el denominado Macizo de Trevinca.
El grupo en Peña Trevinca
Allí, desde las tierras altas de Galicia, el grupo de viajeros escucha a Cholo: “En Galicia falta que se reconozca la singularidad del turismo de naturaleza de montaña”, dice con cierto tono de resignación. Es el momento de las fotos, de sensaciones de pequeñez ante tal exuberancia paisajística. Alguno visualiza (binoculares en mano) el vuelo de una de las cuatro parejas de águilas reales que habitan estas alturas y que semejan vigías que custodian los cielos gallegos. Mientras, Cholo narra pequeñas historias de estas tierras, donde los “maquis” se hicieron fuertes contra el régimen franquista. Nos cuenta de minas abandonadas que fueron refugios de los clandestinos y de la presencia de los nazis en procura del preciado wolframio (tungsteno) que utilizaban para sus tanques y proyectiles, durante la Segunda Guerra Mundial.

Lagoa do Serpe
De regreso, en los vehículos 4x4 (únicos que pueden escalar las inclemencias de estos territorios) visitamos las Lagoas da Serpe, de Ocelo y de Carrizais, ahora cristalinas y de plácidas aguas pero que en invierno y con la llegada de los fríos (desde finales de diciembre a finales de marzo) se transforman en glaciares, los únicos que existen en la actualidad en Galicia y segundos de España tras los Pirineos. En ellos bebe la riquísima fauna del lugar: lobos, gamos, gatos monteses, zorros, ciervos, muflones o corzos; un auténtico zoológico en libertad, que constituye otro de los innegables atractivos del lugar. También aquí el relato es tan original como el croma del paisaje, pero en este caso mítico, ya que dice la leyenda que en la Lagoa da Serpe vive una joven y bella princesa transformada en dragón y que solo en la noche de San Xoán vuelve a su forma original…, pero esa es otra historia.
Mientras nos vamos mimetizando con el entorno, Cholo nos explica que durante la glaciación de la Tierra, hay huellas que delatan que estas lagunas crecieron, heladas, más de 250 metros del altitud. Nos resulta imposible imaginarnos esa foto cuando observamos tanta belleza en calma. “Algunos aún peleamos por hacer que este territorio sea declarado Parque Natural, pero otros intereses impiden que así sea”, enfatiza el montañero. Más tarde e indagando entre otras gentes del lugar, le ponemos nombre a ese frenazo en el intento de ser catalogado como Parque Natural. Se llama caza y la explicación es fácil. Habida cuenta de la singularidad de la fauna que existe en la comarca, para los cazadores esta región es un auténtico paraíso y no están dispuestos a perderlo.

Locomóvil, próximo a  las minas de Vilanova
Algo de senderismo mediante y con un sol que parece no tener clemencia, nos acercamos a lo que Cholo denomina “locomóvil”, que no es otra cosa que una máquina generadora de electricidad que abastecía la labor en el interior de las minas de wolframio. Es de origen británico, data de 1940 y es una de las escasísimas piezas de este tipo que existe en Europa. Básica y rudimentaria, su función era quemar madera transformándola en vapor con lo que generaba la energía indispensable. Varios miembros del grupo comentamos lo mismo: qué pena que esta pieza histórica no encuentre un sitio adecuado en un escenario abierto al público. Se me ocurre intuir que esto también forma parte de la idiosincrasia del lugar, porque en esta región, turísticamente apenas explotada, lo maravilloso es preservar la naturaleza y no contaminarla con la masificación humana que a la larga todo corroe, convirtiendo en parques de atracciones la majestuosidad de lo puramente natural.

Bosque de abedules
Pero si rica es la fauna de la comarca no lo es menos la flora, donde los bosques de robles y abedules circundan por doquier y bien podrían convertirse en escenarios naturales de una nueva versión real del filme “Avatar”. Remansos de sombras que nos protegen de un sol inclemente y que nos permiten descubrir el famoso “rayo verde”, que los más incautos buscan con ahínco en cada  puesta de sol en el horizonte. Pero aún quedaba el “leiv motiv” de nuestro viaje: las estrellas. Y allí nos fuimos, pasada la medianoche, a la Tablilla das Lagoas. Aquí está el mejor observatorio natural de Galicia donde se puede ver el infinito (con permiso del Parque Natural das Illas Atlánticas). A Veiga y más precisamente Trevinca acaba de ser homologado mundialmente como Destino Turístico Starlight.
La Vía Láctea rozándonos los dedos, el Camino de las Estrellas, las Perseidas, Júpiter y hasta unas titilantes luces lejanas (que aún así se pueden visualizar a simple vista y que nos explican son parte de otra galaxia a 2,2 millones de años/luz de la Tierra) integran un cuadro espectacular, sobrecogedor, luminoso. No se trata de una noche estrellada, es el brillo de un cielo único, en un lugar único, donde el mejor relato cinematográfico de ciencia ficción semeja un cuento de hadas a la vista de este paisaje astronómico.
En este Destino Starlight, en septiembre y coincidiendo con la luna llena, se lleva a cabo la marcha nocturna denominada “Entre lobos y estrellas”. En octubre también son cita ineludible para los profesionales y aficionados las jornadas de AstroTrevinca, en tanto que desde el propio Ayuntamiento de A Veiga se busca formar a monitores con ciertos conocimientos en astronomía para servir de guías y capitalizar así este maravilloso recurso turístico, que solo es posible aquí gracias a la altura y a la casi total ausencia de contaminación lumínica.
Embalse de Prada

Al día siguiente aún nos quedaba recorrer en catamarán (inmenso Manuel, nuestro patrón) el Embalse de Prada, que a lo largo de sus 11 km. de extensión total (y más de 20 m. de profundidad) cuenta con áreas recreativas y playas -“Os Franceses” y “Coiñedo”- donde además de realizar esta actividad se puede practicar piragüismo, surfboard u otros deportes náuticos. En verano es la zona “del agua” de A Veiga, muy concurrida por vascos y madrileños, aunque aún -y afortunadamente- bastante desconocida hasta para los propios gallegos. Además, en todo el entorno del embalse existe una Ruta Verde: 33 km. para realizar senderismo o cicloturismo.
O Coiñedo
Hasta aquí el viaje a A Veiga, un contenido con una potencialidad turística impresionante pero donde lo natural no se negocia. Pero como en todo, si el contenido es extraordinario, el continente (la parte humana) también lo es. Por ello, valoramos la frase del alcalde de A Veiga, Juan Anta, que -inversamente a este relato- fue quien nos dio la bienvenida: “Los novecientos cuarenta habitantes de este concello estamos por la labor de reinterpretar el rural, que es la única forma de preservar y consolidar la vigencia de estos pueblos”. También apunta un dato curioso: A Veiga, a pesar de ser el único ayuntamiento ourensano por el cual no pasa el Camino de Santiago, es el segundo de Galicia (después de Sanxenxo) que más crece en turismo durante el verano, con una población de más de 5.000 personas.  Este incremento del 340% de su población se aloja en las 150 plazas turísticas con que cuenta A Veiga, en la gran cantidad de viviendas de verano que hay en el municipio y en la oferta de servicios de las proximidades (O Bolo, A Rúa, etc.).

Aira da Petada, la singularidad de un establecimiento de piedra
Pero además de los proyectos para dinamizar el municipio que tiene entre manos el alcalde (algunos podrían ser pioneros en España), es de agradecer la paciencia, predisposición y permanente sonrisa de Mar Giraldo, la guía de turismo del Ayuntamiento, quien no cejó en su empeño de hacernos sentir como en casa en todo momento. De igual forma, y aunque no mencionemos a uno por uno, sí merecen los mejores piropos nuestros anfitriones hosteleros de O Trisquel, Eido das Estrelas, Aira da Petada y Árbores de Lenda; establecimientos acogedores donde la gastronomía marida en calidad y servicio con la singularidad del destino. Por cierto, en cada uno de estos establecimientos se encuentra a disposición de los clientes y visitantes un gran cañón, que no es otra cosa que un telescopio, desde el cual puede verse tan grande como un cromo a Marte o Júpiter. Así lo comprobamos.
El mejor epílogo de este viaje es otra frase del inefable Cholo: “Todos los recursos turísticos que tenemos en A Veiga son como una maravillosa sinfonía donde cada instrumento (recurso) debe integrarse para que suene más brillante y completa en su totalidad”.  

viernes, 3 de junio de 2016

Tetilla, un queso de autor de origen gallego

Autor de la entrada: Alberto Traversa - Fotos: Alberto Traversa

La labor periodística tiene momentos gratificantes, de descubrimientos, de reconocer un buen producto y, sobre todo, el trabajo que conlleva el elaborarlo para, luego, disfrutarlo gastronómicamente. Algo así vivimos en compañía de un grupo de bloggers, participando de una jornada única para conocer más a fondo cómo se elabora el Queixo Tetilla en Galicia y cuánto de sí ofrece a la hora de utilizarlo en los fogones.

Presentación del blogtrip a cargo de la vicepresidenta y secretaria del CR DOP Queixo Tetilla, junto a Belén Docampo, Directora Xeral de Industrias Agroalimentarias de la Consellería do Medio Rural
La cita se inició y culminó en el magnífico Hotel Quinta da Auga Relais & Châteaux, un cuatro estrellas donde la calidad de las instalaciones y el servicio se encuentran en la cima de la hotelería compostelana. Allí, la directora xeral de Industrias Agroalimentarias de la Consellería do Medio Rural, Belén Docampo; y Pilar Castro y Mari Sé Mosteiro, vicepresidenta y secretaria ejecutiva del Consejo Regulador de la DOP Queixo Tetilla, respectivamente, oficiaron de anfitrionas del encuentro, aprovechando para destacar la “singularidad y el carácter internacional” de este producto “que pone a Galicia en el mapa del buen hacer en materia agroindustrial, consolidando el valor del rural gallego y exaltando las posibilidades gastronómicas que ofrece el Queixo Tetilla”, un recurso que se ha convertido en uno de los fundamentos principales del turismo que visita Galicia. Actualmente, la DOP Queixo Tetilla cuenta con 1.800 productores, acogidos en 38 industrias y marcas diferentes y con un relevante peso económico y de producción ya que al año se elaboran en torno a los dos millones de piezas.

La primera parada de la jornada fue en Agrodespensa, una especie de centro de divulgación y producción de Queixo Tetilla que otrora era visitado asiduamente por escolares para conocer, de primera mano, cómo y quiénes hacen este producto.
Benigno Pereira comenta la elaboración de la pasta de queso
En este taller, nuestro anfitrión fue Benigno Pereira, propietario de este singular espacio, un filósofo de profesión pero amante incondicional del terruño gallego que vislumbró, en la elaboración de estos quesos, una forma de vida saludable y una manera de generar riqueza a partir de los recursos que nos proporciona la naturaleza, con el añadido de la mano y el saber humano. Benigno se inició de pequeño en estas lides del campo (vendiendo incluso la leche y los quesos que elaboraba su madre) y con apenas 5 vacas, propiedad de la familia, comenzó a soñar con una industria láctea que, por aquel entonces, era artesanía pura y casi de subsistencia. No fue hasta 1987, mientras estudiaba en Compostela, cuando comenzó de forma seria a ejecutar aquel sueño, a través de la elaboración de Queixo Tetilla. De allí hasta hoy y a partir de conceptos fundamentales como el desarrollo de la agricultura ecológica, la investigación y la optimización de todos los recursos tecnológicos que la industria permite (como la generación de energía mediante placas solares) de este afable productor bien podría decirse que elabora un queso de autor.

Los participantes también elaboramos nuestro propio Queixo Tetilla

Y nunca mejor dicho, puesto que ahí nos vimos, la decena de participantes de este blogtrip, haciendo nuestro propio Queixo Tetilla, introduciendo la masa en los moldes especiales que requiere el formato de este queso, prensándolo con nuestras manos y a la espera del resultado que, ocho días después, disfrutamos a la hora del desayuno, merienda o cena. Para cerrar la mañana, Mari Sé Mosteiro nos ofreció una interesante cata comentada del Queixo Tetilla (que se elabora a partir de leche de vaca de razas frisona, pardo alpina y rubia gallega y de sus cruces), descubriendo algunas particularidades de este sector como por ejemplo que los productores no lo elaboran si antes no tienen vendido el producto; que esta Denominación Geográfica Protegida no tiene ningún límite geográfico para su producción en Galicia; que desde el propio Consejo Regulador y después de tanto tiempo aún es casi una batalla diaria hacer entender al distribuidor y comercializador (principalmente las grandes superficies) de la conveniencia del envase idóneo que requiere este queso fresco y de pasta blanda y que no siempre se cumple. 
La secretaria del Consejo Regulador DOP Queixo Tetilla, Mari Sé Mosteiro, durante la cata del producto
Porque se trata de un producto que debe respirar, estar en contacto con el aire para su paulatina y permanente fermentación. “Cuanta más maduración, más sabor”, nos explica Mari Sé, agregando que “al cabo de un mes de maduración, se pueden percibir los aromas del queso. Antes, difícil”.

Queixo Tetilla
Y puestos ya en la cata, percibimos todas las cualidades sensoriales y organolépticas del Queixo Tetilla como su color amarillo pálido (con una corteza comestible); que en nariz ofrece toques a mantequilla, leche o nata; con una textura cremosa y con cierta elasticidad; en tanto que en boca es seco, aunque húmedo al tacto, y con un sabor con notas ácidas y saladas a la vez. Eso sí, por tratarse de un queso fresco, de postgusto o persistencia, poca.
Elaborando el Queixo Tetilla en la fábrica Queizuar.
Luego de un estupendo almuerzo en el Pazo de Andeade y ya en Touro, en la fábrica de Benigno Pereira, que elabora al año miles de piezas de Queixo Tetilla (a través de 7 marcas diferentes pero todas con la correspondiente contraetiqueta de la DOP), podemos entender la magnitud de esta industria agroalimentaria que cuenta con una plantilla de más de 40 oficiales y técnicos. “Mi sueño es hacer una biofactoría”, comenta sonriente el propietario, mientras desandamos su sala de producción, de etiquetado, las cámaras frigoríficas o un laboratorio perfectamente equipado donde a diario se analiza cada producto que allí se elabora.
“La calidad de un queso no la da una etiqueta ni el marketing, sino la materia prima, la investigación y la forma en que está elaborado. Una mejor materia proteínica, un óptimo perfil de ácidos grasos, una leche con aportes de Omega 3 son temas que la gente desconoce a la hora de comprar un queso y de ahí el valor que hay que darle a este producto”, sentencia Benigno Pereira, para quien el queso “no es más que una conserva de leche”.

Xosé Cannas a los fogones.
Aligot de Queixo Tetilla, escarola y escabeche
A la caída del sol, y ya de regreso en el hotel, pudimos gozar de la creatividad culinaria de Xosé Cannas (Restaurante Pepe Vieira y 1 estrella Michelin) quien a través de su showcooking nos demostró las inmensas posibilidades gastronómicas que ofrece el Queixo Tetilla. Así, entre comentarios y apreciaciones de puntos de cocción, Xosé nos presentó un Tomate pasificado, Queso Tetilla y pesto; luego nos sorprendió con un Aligot de Queixo Tetilla, escarola y escabeche (un plato de origen francés que consiste en un puré de patatas pero aquí con la variante de incorporar Queixo Tetilla rallado). A continuación, elaboró un Queixo Tetilla a la llama, con tendón frito, curry y chalota (donde el secreto del sabor se esconde en la menta y la uva pasa utilizadas); para culminar el festín con un Brioche de rabo de vaca y mousse de Queixo Tetilla. Como no podía faltar el momento dulce, Cannas nos regaló una impecable Crema de Queixo Tetilla con miel y merengue. Todo ello bien regado con vinos de las DD.OO. Ribeiro, Rías Baixas y Ribeira Sacra.
La jornada terminó entre cafés, alguna copa y charlas distendidas junto a Carmen Albo (“guisandomelavida”), Belén Otero (“cocinar para dos”), Rubén Amorín (“ni mata ni engorda”), Paula Acuña (“theculinaryscene”), Sandra Novo (“galletas para matilde”), Esther Clemente (“directo al paladar”), Carlos González (“gastronomicum”) y Alberto Rivas (“mais grelos”). Un gusto compartir con ellos, Mari Sé y Marta un día de aprendizaje de sensaciones y sabores de un producto gallego y único: el Queixo Tetilla.
Foto del grupo de los participantes en el blog trip Queixo Tetilla